La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el estrés laboral en México cuesta entre 5,000 y 40,000 millones de dólares al año. Pero los costos de los trastornos mentales no sólo se cuantifican en dólares o pesos: ¿Qué pasa con el resto de los trabajadores en una empresa donde falleció una persona? Cuestionó Patricia Elizabeth Cossío Torres, jefa del Departamento de Salud Pública y Ciencias Médicas de la UASLP.

“Qué pasa cuando hay una defunción y así te regresan a la línea a trabajar y no estás concentrado, pues eso aumenta mucho la probabilidad de que el resto de los compañeros tengan accidentes de trabajo”, apuntó la especialista de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

Durante su participación en la Semana Estatal de Seguridad y Salud en el Trabajo, realizada en San Luis Potosí, Patricia Cossío puntualizó que algunas enfermedades como las cardiovasculares están vinculadas con el estrés generado por el trabajo y, por lo tanto, las defunciones por estas causas. “Es un fenómeno no podemos ignorar y que afecta el día a día de todos los centros de trabajo”.

En el marco de su ponencia Trabajo y salud mental, la especialista indicó que el “pan de cada día” en la mayoría de las empresas en México es el estrés laboral, el cual es ocasionado por estructuras organizacionales que toleran la violencia en el trabajo, el acoso y no dan seguridad en el contrato, entre otros aspectos.

Aunque en ocasiones los trastornos mentales también responden al contexto individual de cada persona, como presiones económicas, lo cierto es que en los centros de trabajo aún quedan muchos desafíos para prevenir afectaciones en la salud mental de las personas.

“Está relacionado con varios problemas, primero con la organización del trabajo, pero también con un desequilibrio del esfuerzo y la recompensa, hasta pareciera que recompensan al que menos se esfuerza y al que más lo hace le cargan la mano. Esto causa frustración en las personas y es increíble cómo nos podemos levantar a trabajar con estas condiciones, que en lugar de motivarnos nos van aplastando”, expuso.

Pero éstos no son los únicos factores de riesgo que comúnmente se observan en las organizaciones, a ellos se suma la interacción emocional con clientes o consumidores, las largas jornadas laborales, la falta de estabilidad en el empleo, el trato injusto y, un punto importante, la disonancia emocional. “Esto es la diferencia entre lo que sentimos y lo que debemos expresar. He conocido gente a los que se les acaba de morir un familiar cercano y tienen que ir a trabajar, y están con su dolor exponiendo o haciendo la presentación con un cliente”.

Entre otros aspectos, los costos que enfrenta una compañía como resultado del estrés laboral son resultado de los accidentes de trabajo, incapacidades, absentismo y presentismo, pérdida de producción y alta rotación de personal, entre otros aspectos.

Parte del estrés generado por el trabajo, señaló Cossío Torres, es consecuencia de un interés mayor por los indicadores de negocio y los clientes, pero una baja atención en los trabajadores.

“Tristemente a la mayoría de los centros de trabajo lo último que les interesa es el trabajador, cuando debería ser el primero porque es la fuerza motora del centro del trabajo. Y otra cuestión ligada a este problema es que no hay buenos líderes”, subrayó la especialista en el evento organizado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social de San Luis Potosí.

El tratamiento para el estrés laboral

El panorama es complejo y la crisis de salud mental que se vive no significa que todo esté perdido, puntualizó Patricia Cossío. En ese sentido, la aplicación de la NOM-035 de factores de riesgo psicosocial puede ayudar a contrarrestar el fenómeno y desarrollar una organización sólida.

Para construir una organización resiliente; es decir, que se adapta al cambio y donde se previenen las afectaciones en la salud mental, la especialista recomendó trabajar en cinco pilares:

  1. Confianza de los colaboradores hacia los altos mandos.
  2. Comunicación interna efectiva que responda a las inquietudes de los empleados.
  3. Orgullo de trabajar en la empresa.
  4. Humor, sin perder el respeto, pero reírse en el día a día.
  5. Ética que se refleje en cada acción en el centro de trabajo.

“Para tener éxito en esto hay que tener un plan. Para mejorar la salud mental no sólo basta con aplicar la norma 035, eso es una herramienta, pero hay que diseñar toda una estrategia. Hay que tener motivación para hacerlo y el conocimiento, si no tenemos a un experto en la empresa, contratar a alguien”, apuntó Cossío Torres.

Para finalizar, la especialista puntualizó que las organizaciones que se adaptan a los cambios tienen más ventajas para afrontar cualquier crisis y, al mismo tiempo, promueven un cambio cultural, de valores e ideas en relación a la salud en el trabajo, pero también en la mejora continua de los propios colaboradores. “Se necesitan realizar intervenciones, si seguimos operando con las mismas estrategias no habrá cambios”.

Fuente: Eleconomista.com.mx